UNHCR - Office of the United Nations High Commissioner for Refugees

06/07/2024 | Press release | Archived content

Las llegadas de refugiados de Sudán, RDC y Sudán del Sur ponen a prueba la política de Uganda de “puertas abiertas”

GINEBRA - Uganda acoge a un número cada vez mayor de personas procedentes de Sudán - más de 33.000 personas, 19.000 de las cuales han llegado a Kampala desde principios de 2024 - en busca de seguridad frente a una guerra que lleva más de un año asolando al país.

La mayoría de las personas que llegan de Sudán son de Jartum, y muchas tienen estudios universitarios.

Incluidas las sudanesas, cada semana llegan a Uganda un promedio de 2.500 personas, sobre todo de la República Democrática del Congo y Sudán del Sur, impulsadas principalmente por los conflictos en curso y los problemas relacionados con el clima.

La continua afluencia de personas refugiadas no aparece en los titulares, pero, combinada con la escasez de fondos, ejerce una importante presión sobre los servicios de protección y asistencia que se prestan a los refugiados y a las comunidades que los acogen, lo que pone en peligro el sólido régimen de protección y el modelo de respuesta a los refugiados de Uganda.

Debido a los déficits de financiación, el sector salud - que atiende tanto a la población refugiada como a la de acogida circundante - ya se ha visto duramente afectado. Se ha tenido que reducir el personal de los centros de salud y no hay suministros suficientes para cubrir las necesidades críticas de salud.

Un brote de conjuntivitis (enfermedad de los ojos rojos) en todo el país también ha afectado a varios asentamientos de refugiados. Por ejemplo, se han registrado 141 casos en el asentamiento de Nakivale y se teme que pueda empeorar debido a la escasez de agua y jabón, que afecta a la higiene. Persisten los problemas de salud mental. En las últimas dos semanas se han registrado cuatro intentos de suicidio entre los refugiados de Adjumani - dos de ellos jóvenes -, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de la juventud y la necesidad de aumentar intervenciones específicas.

Las escuelas están saturadas y no hay suficientes docentes ni material educativo, lo que dificulta la educación de la niñez, que representa más de la mitad de la población total refugiada.

Los servicios críticos de protección también se están viendo obstaculizados. Por ejemplo, el registro de la población refugiada sufre grandes retrasos por falta de material y equipos necesarios para agilizar el proceso.

Las inversiones para apoyar a los refugiados con actividades generadoras de ingresos han tenido que reducirse, con el consiguiente efecto dominó en los esfuerzos para que los refugiados dependan menos de la ayuda.

La semana pasada, ACNUR y altos funcionarios ugandeses visitaron a socios clave, como los gobiernos de Dinamarca, Países Bajos y Bélgica, así como instituciones de la Unión Europea, para poner de relieve el profundo impacto de la reducción de la financiación y abogar por recursos adicionales. ACNUR destacó la importancia del apoyo de los donantes para aliviar la difícil situación de los refugiados y sus comunidades de acogida, haciendo hincapié en el compromiso inquebrantable de Uganda para cumplir las promesas hacia una mayor inclusión socioeconómica y autosuficiencia de las personas refugiadas realizadas en el Foro Mundial sobre los Refugiados 2023.

Uganda acoge al mayor número de refugiados y solicitantes de asilo de África, con casi 1,7 millones de personas procedentes principalmente de Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, y sin embargo en 2023 se encontraba entre las 13 operaciones con menor financiación de ACNUR en todo el mundo. En 2024, el Plan Nacional de Respuesta a los Refugiados de Uganda (UCRRP, por sus siglas en inglés), que busca 858 millones de dólares estadounidenses para 96 socios con el fin de apoyar a más de 1,67 millones de personas refugiadas y 2,7 millones de miembros de las comunidades de acogida, ha recibido solo el 13 por ciento de los fondos que necesita.

Durante décadas, Uganda ha estado a la vanguardia de la asistencia a la población refugiada y ha sido un faro de estabilidad en la región, adoptando políticas progresistas que ejemplifican el Pacto Mundial sobre los Refugiados, permitiendo que las personas refugiadas tengan tierras y libertad de movimiento, y residan en zonas urbanas siempre que puedan mantenerse por sí mismas.

Si esas políticas pierden terreno a medida que disminuye la financiación, es posible que veamos cómo las personas se marchan de Uganda en busca de un modo de sobrevivir. En mayo, los refugiados empezaron a marcharse a países vecinos argumentando la falta de apoyo y la reducción de las raciones alimentarias. Si no se toman medidas, se debilitarán los logros en materia de desarrollo y la capacidad institucional, y se dificultará la coexistencia pacífica con las comunidades de acogida. Se necesita más apoyo internacional para respaldar el compromiso de Uganda con la protección de la población refugiada.

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